Como inculcar a los hijos el sentido del humor

El sentido del humor es uno de los elementos relevantes de nuestra personalidad. Tenemos que transmitir este valor también a nuestros hijos.

La vida está formada de pequeños y grandes momentos. Hoy, dejaremos los grandes de banda y nos centraremos en los pequeños, los que configuran nuestro día a día.

Los maestros tenemos la suerte de ser testigos de muchos de los pequeños momentos que viven nuestros alumnos diariamente.

Vivimos fragmentos de muchas vidas, y nos ayuda a entender mejor conductas y nos permite anticipar reacciones y dar respuesta.

En las clases, hemos constatado que nuestra actitud es clave a la hora de afrontar las cosas y que el sentido del humor siempre nos ayuda.

Por lo tanto, si ayudamos a nuestros hijos y a nuestros alumnos a practicar esta actitud en clave de humor desde muy pequeños, también los ayudaremos a gestionar mejor y de forma más autónoma las pequeñas sacudidas con los que se encontrarán a la vida.

Partimos de dos momentos cruciales para mirar de incentivar su sentido del humor ante las cosas.

El sentido del humor en el momento del juego.

Para los niños de todas las edades, los momentos de recreo o de patio son un gran aprendizaje. El patio sólo dura 30 minutos, pero es una auténtica escuela de vida.

Los padres nos tenemos que interesar para saber a que juegan y con quién y si vemos que el juego los ocasiona problemas, los tenemos que dar herramientas en clave de humor para mirar de resolverlos sin entrar en los bucles de las injusticias, las trampas y los conflictos que a menudo aparecen.

En un patio se juega  a "polis y a cacos", al "pilla-pilla", a "hecho y esconder" y a un montón de cosas más y la decisión de cuál es el papel que juega cada cual a cada juego puede ser origen de muchos conflictos. Quién es el "poli"? Quien "la pilla"? Quién se pone de portero?

El caso es que si observamos bien, veremos que, jugando al mismo, hay quién se lo pasa genial y quien, ineludiblemente, acaba enfadado, amargado o disgustado.

Ayudar a gestionar todas estas situaciones es mucho más importante y mucho más difícil del que parece. E incluir el sentido del humor en esta gestión es básico para  aprender a tolerar la frustración que supone perder.

En definitiva, al final  se trata  de vivir los pequeños momentos del juego evitando al máximo los dramatismos. Y los niños tienen que entender que el sentido del humor y la ironía son armas poderosas que nos tienen que ayudar a conseguirlo. Tanto en el patio de la escuela, como al juego en las casas y con las familias.

Tenemos que procurar que sus hijos y sus alumnos tengan una actitud poco dramática ante el juego. Tenemos que enseñarlos a saber ganar y saber perder, cosa que no resulta nada sencilla, pero si lo conseguimos, tendremos niños más dispuestos a divertirse y a no amargarse la vida.

El humor ante situaciones cotidianas que nos incomodan.

Una de las cosas que más grave nos sabe a los adultos es ver los malos trances de los más pequeños cuando se enfadan o se disgustan y se los escapa la lágrima, la rabia o los invade el desconsuelo. Las situaciones que lo provocan pueden ser varias:

 

  • Cuándo han hecho un trabajo y no ha salido todo lo bien que se esperaban…
  • Cuando sienten angustia para no entender una cosa ...
  • Cuando no se salen con la suya...
  • Cuando sienten envidia porque no son el centro de atención de una determinada situación...
  • Cuando su mejor amigo "no los está amigo" por cualquier discusión o pelea…
  • Cuando no los dejan chutar un penalti…
  • Cuando alguien se los ha colado a la fila…
  • Cuándo han perdido en un juego...

La lista sería inmensa, porque diariamente se dan un montón de situaciones que los incomodan, los disgustan o los hace pereza afrontar. Exactamente igual que nos pasa a los adultos.

En momentos así, también es bueno saber echar del humor y la ironía y no lamentarse entrando en bucles dramáticos.

Al final, las situaciones son y serán las mismas, tanto si nos enfrentamos a ellas con una sonrisa, como si lo hacemos enfadados.

Tenemos que enseñar que cogerse las cosas con sentido del humor resulta muy útil.

En este sentido, el ejemplo de los adultos es fundamental en este proceso de aprendizaje que tanto cuesta poner en práctica.

Recordáis de inculcar y traer a la práctica el refrán: el día que no has reído, es sin duda un día perdido!

Si vuestros hijos tienen clara esta máxima, seguramente su actitud ante las cosas será siempre más positiva.